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Binifadet, sensibilidad y pasión por el vino

jueves, agosto 17th, 2017

Hablar de Binifadet es hacerlo de la familia Anglés, de su pasión por las uvas y de su misión de transmitir la riqueza rural de Menorca a través del vino. Un proyecto cuya génesis fue el entusiasmo y la apuesta incondicional de Carlos Anglés por elaborar vino de calidad en la Isla. De esto hace más de dos décadas. Ahora acostumbramos a ver en tiendas y restaurantes más de treinta etiquetas de ocho bodegas diferentes de Menorca, pero los inicios fueron muy complicados, aquellos tiempos donde muchos hacían apuestas sobre qué bodega cerraría primero y bancos e instituciones miraban para otro lado.

Inicios intrincados y evolución

Carlos Anglés fue durante décadas un gran aficionado a la gastronomía, poniendo en práctica los célebres dotes gustativos y la sensibilidad culinaria heredados de su abuela murciana. El vino era la afición que más le motivaba. A principios de los ochenta un amigo le descubre algunas varietales en Cataluña -casi cuarenta tipos de uva diferentes-, se decide a traerlas a Menorca y plantar viñas para vinificar como entretenimiento y divertirse con sus amigos.

Durante década y media anduvo coqueteando con la idea de dar el paso comercial; fue en un viaje a Lanzarote recorriendo bodegas donde evidenció el potencial que podía existir elaborando en Menorca, teniendo en cuenta el clima mediterráneo, el subsuelo calcáreo y que había varietales que se adaptaban bien a la Isla. En 2004 al fin cumple su sueño y, retando no pocos prejuicios, lanza al mercado dos vinos. Durante los años posteriores abrieron la bodega a visitas y fueron incorporando paulatinamente pequeños detalles en los recorridos de los clientes; en 2012 inauguran la terraza, donde discretamente servían queso y embutido mientras los visitantes degustaban sus vinos.

Luminiesencia y familia, ejes de la experiencia

Hoy, cinco años después, Binifadet sigue siendo un proyecto vivo que evoluciona cada año, un progreso escalonado y contenido que sigue fiel al discurso de sus inicios y que responde “a la observación de las necesidades de nuestros clientes, no a la premeditación”. Así, el visitante actual puede acceder a un repertorio de opciones alrededor del mundo del vino y la gastronomía, un parque temático para los sentidos que va desde las visitas a bodega y viña, catas o eventos, hasta un picoteo mediterráneo en su WineBar o una buena comida en el restaurante con vistas a sus viñedos.

Todos los espacios en Binifadet respiran una atmósfera especial, están concebidos para relajarse, dejarse llevar, disfrutar, compartir, integrarse con el paisaje y su ambiente buen humorado. Luminiesencia lo llaman ellos. Es un lugar que habla de Menorca, de la amistad y de la familia. Porque es la familia Anglés -Luís (hijo de Carlos) y su mujer, Patricia- quienes continúan la gestión del proyecto con pasión, sensibilidad y profesionalidad, apostando por el largo plazo y sin tomar atajos, desde el inconformismo y la búsqueda de la excelencia.

Quizá por encima de todo ello está su naturalidad. Una naturalidad que facilita esa sensación de familia de la que es parte el personal que atiende al visitante: Elena, Mireia, Andrea y Sonia transmiten la pasión y la vocación del proyecto Binifadet, unos valores y filosofía de trabajo que llega a todos los rincones del equipo: Rocío (eventos), Natalia (administración), Magi (producción) o Iván (jefe de cocina) son solo algunos ejemplos de ese espíritu.

Ingredientes rurales y vino

Les recomiendo comenzar la experiencia tomando un par de cócteles en el WineBar, elaborados con bases clásicas y donde añaden pinceladas vinícolas. Una vez en el restaurante, mi sugerencia es empezar compartiendo algunas de sus preparaciones clásicas, como los dados de salmón marinado en gin Xoriguer, un bocado equilibrado entre las notas grasas del pescado y las notas ácidas de la salsa. Complementen con el timbal de tomate ecológico -superlativo en estos días de agosto- con albahaca y brossat, un conjunto refrescante. Cierren la primera parte de la comanda con el sabroso frit de sepia, camot y habitas, un mar i muntanya que respeta la integridad de los ingredientes, y un canelón de verduras resuelto con sencillez, tostado y con textura conseguida.


Una parte de las elaboraciones incorporan vino como parte de la receta. Así, el confit de pato con guixons, uvas pasas y salsa de vino sale airoso del envite. También aparecen suculentos el cordero con patató y tomate, o la panceta de cerdo con manzana y patata al horno. Levantarse de la mesa sin probar alguno de los postres -no duden con la torrija de ensaimada o la tarta de queso con mermelada de vino- sería tan grave como no acompañar la comida con una buena selección de los vinos de la bodega (en nuestra última visita los blancos Merluzo, Chardonnay y Tanca 12, este último inicio de un camino vitivinícola que dará mucho que hablar en el futuro).

Productos y productores locales

Aproximadamente el 50% de las materias primas que utilizan en Binifadet son autóctonas. Algunos de sus proveedores fetiche son Santo Domingo (verduras ecológicas), JJ Carreras (porc faixat), Peixos Emilio (pescados), Binibeca y Mercadal (quesos de Mahón-Menorca) y Graham Pierce (cerveza).