La buena vida de En Caragol

Escull d’en Caragol es un escollo, un arrecife en aguas claras y poco profundas, que llega a alcanzar la superficie y que ha sido la perdición de un sinfín de barcos durante siglos. Se halla en el litoral de Sant Lluís, entre Torret y Biniancolla. Aunque actualmente se encuentra señalizado con una baliza luminosa, aquel punto no es únicamente conocido por la frecuencia con la que barcos mal orientados encallaban: en tiempos pretéritos, la costa sur era refugio de contrabandistas. Siendo un punto cercano a Mallorca, sus puertos y sus calas facilitaban protección y descargas rápidas. Pues bien, a veces, las embarcaciones despistadas eran las de contrabando, y no eran pocas las mañanas en las que En Caragol amanecía rociado por paquetes de Winston y Chester. Hoy día, ya señalizado, ha perdido el perfil aventurado y es destino de buceadores, que disfrutan recorriendo sus cavidades, arcos y chimeneas.

Un chiringuito ilustrado

A pocos metros de allí, en la costa, se levanta En Caragol (Carrer de s’Oronella, 45, Sant Lluís – 871.872.676), el legendario restaurante con alma de chiringuito que estos días ha reabierto sus puertas. Quien más y quien menos guarda buenos recuerdos de aquel lugar: sus vistas insuperables, sus bandejas de pescado con las capturas del día, sus salteados al brandy, su pintoresco encargado, sus mágicas puestas de sol… De lo que no cabe duda es que tenía un buen puñado de fieles. Por este motivo, después de tres años sin operación, la de En Caragol se ha convertido en una de las reaperturas más esperadas de la temporada.

Y lo hace presentando nuevo equipo de gestión y una importante remodelación en la que parecen haber aplicado la paradoja de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Es decir, que la dirección se ha comprometido a mantener la atmósfera luminosa, mediterránea y despreocupada, santo y seña de En Caragol. El alma sigue intacta. Pero, además, han acometido importantes mejoras en seguridad, confort y cocina, aspectos que elevan notablemente la experiencia del visitante.

La carta se ha diseñado apostando por elaboraciones sencillas, técnica directa -principalmente brasas- y producto sin maquillaje. Entrantes frescos y apetecibles, para compartir, y buen repertorio de pescados, arroces y carnes. Al frente de los fogones se encuentra uno de nuestros chefs de referencia en la Isla: Víctor Bayo. Cocinero acreditado y curtido en las mejores cocinas, quien domina como pocos el tratamiento de pescados.

Arroces,  pescados y carnes

Hace unos días comenzábamos con las sabrosas sardinas a la brasa y los bien resueltos mejillones del puerto de Mahón al vapor. Continuamos con el pulpo braseado con puré de patata ahumado y ajada gallega y las navajas a la plancha con ajito y perejil. Los amantes de la fritura deberían probar los boquerones a la andaluza -sorprendentemente ligeros y bien desgrasados- o los esponjosos fritos de rape. Entrantes combinables con opciones saludables -media docena de ensaladas en carta- y tablas que alternan embutidos menorquines e ibéricos puros de bellota.

Los aficionados hemos asumido la falta de lugares donde tomar un arroz ejemplar. ¿Apenas media docena en todo Menorca? Pues bien, parece que En Caragol quiere optar a estar en ese grupo de cabeza. Dos versiones tomamos en nuestra visita -el del senyoret y el de carabineros, abiertos a la mitad y terminados en la brasa- y ambos coincidían en la acertada ejecución: grano suelto, ligero y sin exceso de grasa, notable punto, sabor del fondo bien integrado con los matices del cereal -utilizan la marca Molino Roca, probablemente mi productor favorito- y, quizá lo más importante: sin exceso de concentración de sofrito. Se presenta al cliente en la paella con fino grosor y perfecta proporción de socarrat. Hay otras apetecibles opciones como el de rape y calamar, el negro con sepia y gamba y el de verduras.

En Caragol ofrece una selección de pescados fijos (rodaballo, lubina de estero, rape…) y pesca de la jornada. El sapito a la brasa poseía jugosidad y textura y el refrito aportaba contrapunto de acidez. Los carnívoros disponen de cortes de vacuno con maduración variable. Por ejemplo, el lomo alto de vaca a la brasa con treinta días o el chuletón, el lomo, o el costillar de vaca simmental con cuarenta y cinco días. De sus poleas, rescoldos y ahumados también salen, en otro registro, las chuletitas de cordero menorquín o la pluma de cerdo Ibérico.

Puesta de sol y aperitivos

Los golosos podrán terminar la comida con la tarta fina de manzana con helado de vainilla, el coulant de praliné o la tarta de queso. La carta de vinos incluye un centenar de referencias nacionales e internacionales bien seleccionadas. Dispone En Caragol de dos zonas anexas donde poder disfrutar más relajadamente, ya sea para un picoteo informal, un aperitivo o un trago a media tarde. Allí se detendrá el tiempo, llegará su fascinante puesta de sol y la hora bruja. Vuelve En Caragol, la buena vida del chiringuito ilustrado.

Productos y productores locales: Aproximadamente la mitad de las materias primas que utilizan en En Caragol son autóctonas. Algunos de sus productores fetiche son Sa Cooperativa del Camp (cordero), Mejilloneras González (mejillones), Embotits Trebalúger (embutidos) y Pescadería Sant Lluís (pescados y mariscos)

Leave a Reply